Abordando los Hábitos Defensivos para Mejorar la Inteligencia Emocional

"Sí, pero no fue culpa mía..."

"Sí, pero no lo sabía..."

"Sí, pero dijeron..."


Estas son las respuestas que el gerente de Julie solía escuchar de ella, la nueva ingeniera de software, cada vez que le sugería una manera de mejorar su trabajo. Julie respondía con un "sí, pero" seguido de alguna excusa defensiva. Aunque sus habilidades técnicas eran aceptables, no eran sobresalientes y difícilmente podrían mejorar si no lograba manejar comentarios constructivos o críticas.

Cuando la presidenta de la empresa solicitó reducciones de personal, el gerente de Julie recordó sus constantes respuestas defensivas. Tras ser despedida, Julie compartió con sus amigos en Twitter: "¡Acabo de ser despedida! ¡Ellos esperan demasiado! ¡No es justo!"

¿Eres consciente de tus hábitos?

Al conocer la actitud defensiva de Julie, me pregunté si era consciente de la verdadera razón de su despido. ¿Entendía que sus habilidades como ingeniera no eran el problema? ¿Era consciente de su hábito defensivo de responder con "sí, pero"?

Las rutinas emocionales como la de Julie suelen operar por debajo de nuestro nivel de conciencia, al igual que al tomar una foto con el teléfono inteligente. Un desencadenante emocional ocurre y respondemos utilizando la rutina almacenada en los ganglios basales de nuestro cerebro. Para Julie, al escuchar críticas, su cerebro activaba automáticamente su defensa "sí, pero".

Para cambiar un hábito, primero debemos ser conscientes de su existencia. Necesitamos autoconciencia.

La importancia de la autoconciencia

La falta de conciencia de sus reacciones defensivas le costó a Julie su empleo. La autoconciencia es uno de los cuatro componentes clave de la inteligencia emocional y la base de los otros tres. Sin saber lo que estamos sintiendo, no podemos controlar esas emociones (autogestión). Sin autoconciencia, tampoco podemos tener conciencia social y comprender cómo impactamos a otros ni sintonizar con sus sentimientos. Por último, sin autoconciencia, la gestión de relaciones se vuelve imposible.

Cómo desarrollar la autoconciencia

¿Quieres desarrollar la autoconciencia como Julie? El primer paso es tener el deseo de ser consciente de tus emociones. Luego, sigue estos consejos:


Detente: Practicar la atención plena es una excelente manera de desarrollar la autoconciencia. La meditación, por ejemplo, puede ayudarte a centrarte en el momento presente y a ser más consciente de tus pensamientos y emociones.

Observa: Una vez que te hayas detenido, identifica y nombra lo que estás sintiendo en diferentes momentos y situaciones. Fíjate en las sensaciones corporales que desencadenan tus hábitos contraproducentes.

Escucha: Pide a personas de confianza que te den retroalimentación sobre cómo te perciben. Las herramientas de retroalimentación de 360 grados pueden ser útiles en este proceso. Completa una encuesta sobre tu comportamiento y pide a personas de confianza que hagan lo mismo. Un buen entrenador puede ayudarte a analizar las diferencias entre tus percepciones y las experiencias de los demás.


En resumen, abordar y mejorar los hábitos defensivos puede tener un impacto significativo en la inteligencia emocional y en el éxito tanto personal como profesional. La autoconciencia es el primer paso en este proceso y se puede cultivar mediante la práctica de la atención plena, la observación de nuestras reacciones y la escucha activa de los demás. Al desarrollar la autoconciencia, podemos mejorar nuestras habilidades de autogestión, conciencia social y gestión de relaciones, lo que nos permitirá avanzar y prosperar en nuestro trabajo y en nuestras vidas personales.

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