Lo que nunca has hecho... suele dar temor, Tù decides hacerlo o no.

Era principios del 2009, y la empresa española en la que trabajaba anunciaba la próxima apertura de un centro con capacidad para 1,500 posiciones en la ciudad de Pereira, Risaralda, Colombia. La empresa preguntó a quienes en ese momento éramos jefes de venta, si estábamos interesados en ir a Colombia para la apertura del nuevo centro. Recuerdo que, con cierto temor, levanté mi mano, como un simple cumplimiento de mi propio orgullo, al sentirme capaz de asumir el desafío. No pensé que esa decisión llegaría a oídos de los directivos.

Un día de febrero de ese mismo año, mientras supervisaba a mi equipo en la plataforma, el director del call center en Lima se acercó y me preguntó: "¿Guerrero, tienes pasaporte?". Respondí que no, y él replicó: "Pues ponte con ello, chaval, que te vas a Colombia". Me entregó un documento con todos los detalles necesarios para mi viaje en abril.

Aunque sabía que era una gran oportunidad para mí y mi familia, sentía temor por la gran responsabilidad de abrir un centro de esas dimensiones y por todo lo que implicaba viajar a otro país donde no conocía a nadie. Solo íbamos a ser tres peruanos. Como alguien movido por el logro, me esforcé mucho en dar lo mejor de mí, y vaya que lo hicimos. Capacitábamos a 50 personas por la mañana y 50 por la noche para cubrir las 300 posiciones iniciales con las que comenzaríamos el servicio. Además, por las noches nos reuníamos con el director asignado para continuar con las planificaciones del proyecto. Así transcurrieron los primeros tres meses, durmiendo solo cuatro o cinco horas para comenzar otro día de capacitaciones.

Cuando finalmente llegó el día de la apertura del servicio y comenzamos a recibir llamadas, todos nos solicitaban ayuda para resolver dudas, lo que resultó realmente agotador. Sin embargo, después de tres meses, las cosas se calmaron, y pudimos enfocarnos en supervisar, gestionar mejor el servicio y planificar de manera global la plataforma y la facturación de las llamadas.

Un día, mientras supervisaba desde lo alto de mi oficina, observé las 300 posiciones operando y atendiendo llamadas. Fue entonces cuando me pregunté cómo lo había logrado y cómo habíamos montado esa plataforma en tiempo récord, convirtiéndonos en una de las plataformas con mayor facturación en Latinoamérica. Me di cuenta de que el temor que había enfrentado y vencido solo era una barrera que yo mismo había creado. Si no lo hubiese enfrentado, quizás no habría obtenido la experiencia y el crecimiento que tengo ahora.

 




En la vida, vamos a tener creencias limitantes que debemos enfrentar y no permitir que nos dominen. No hay imposibles, solo temores que nos limitan y que debemos romper para seguir creciendo y aprendiendo. Los temores siempre estarán ahí, pero depende de nosotros decidir qué hacer con ellos. 

Tú decides.

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